I.
Eres tú, a quien anhelo.
Amor, son ojos verdes
Claros, profundos
Pasado, presente y futuro
Mi corazón es un volcán de azufre
Y mi cuerpo carne suave.
Mis palabras ya no hablan por mí
Mis palabras ya no marcan mi silencio
Mi mente no existe
Sólo ínfimos venenos.
II.
Caigo, caigo, en la oscuridad de mis entrañas
Si bello ves mi rostro, no ves mi devenir constante.
Mi vida ilusa, mi muerte concreta
Son ellos mis sueños…
Sonrío tan sólo por complacencia.
III.
Me arrastras,
Me llamas entre sueños
En mi cama,
En otros desaciertos
“Flor, flooooor”
Tú sabes que aún no es mi tiempo,
A veces sí mi más triste deseo.
No me tientes más,
no desperdicies más espectrales ecos.
Aún quedan varias en mí,
Que se reniegan a tu dulce velo.
Aún quedan fondos y tintas,
Que no he consumado.
IV.
Frío. Pureza.
Fluyen las corrientes
Fluye el murmullo de las olas,
Cantan a mis oídos
Es la canción de cuna,
La que más prefiero.
Fluye el cuerpo,
Que ya no es mío.
Los vicios se descoloran.
Deja de fluir la sangre.
Si mi espíritu es libre de tormentos
Entonces, añora las pasiones ardientes del destino.
V.
El corazón de Shelley
sobrevivió a las brazas
¿Por qué yo no puedo, entonces,
hundirme en las mareas también
y ser inmortal?
VI.
Por último,
Contemplo la existencia,
La miro fijo a los ojos.
Amo su verdor.
Amo su efimeridad.
La abrazo,
Por más que duela.
Y luego, la dejo ir.
VII.
Era yo, un jardín lleno de flores blancas.
Sobre mí, un cielo pálido.
Me fugo hacia la eternidad…
Sobre ese negro océano gusto flotar
Abrir los ojos y las estrellas ver
Jamás las terminaré de contar,
Sólo su reflejo alrededor mío podré alcanzar.
VIII.
Florencia,
la que danza,
la que añora,
la que ama,
la que muere.