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Un corazón miserable


¿Cómo eludir mi deseo, si incluso en sueños -donde mis acciones no poseen consecuencias reales- te busco con persistencia? Con esa persistencia, a la vez secreta, que tan sólo los enamorados conocen. Mas no comprendo el sentido de mi búsqueda, si he de decir la verdad, pues yo soy feliz con el amor presente que la vida, a veces tan injusta, me ha dado. ¿Cómo puede ser que mire hacia otro lado cuando tengo en mi posesión algo maravilloso? ¿Acaso es la naturaleza del ser humano, el ser tan caprichoso, que tan sólo por un deseo no satisfecho es capaz de arruinar o desperdigar el mejor de los tesoros? ¿Por qué no puedo amar ambas personas a la vez? ¿Ambos corazones sufrirían por no ser el único amo del mío? ¿Por qué el amor nos aprisiona cuando el verdadero amor es una promesa real de libertad? Es, en realidad, el deseo el que nos hace esclavo. El amor es tan sólo la flor mejor cultivada del deseo. ¿Cómo elegir una rosa tan bella como otra, sin despreciar a ninguna? Una posesión es real y rebosante de esplendor; la otra secreta y oculta. Siento verguenza y desagradecimiento. Y cada día que despierto, trato de no pensar en nadie que pueda perturbar la paz de mi jardín, pero es inútil. Y soy cobarde, porque tan sólo callo. Y lo quiero todo por nada, porque no soy capaz de renunciar para conseguir. Y en mi deseo no hay justicia para nadie, porque nadie obtendría lo que en verdad se merece. Y no tengo libertad porque la verdad no es dicha. Y lo que es aún más terrible, tengo miedo. Miedo de equivocarme, y quedarme sin nada, cuando ahora tengo casi todo.

La Sonata de los Chubascos I


   ¿Cuál sería el gran tema que convoca a la escritura de la presenta obra? ¿Hay un solo tema, varios temas, o un gran tema del cual subyace el resto? ¿Es acaso lo que leerán una comedia, una tragedia, un escándalo o tan sólo vulgares horrores? Posiblemente, todo ello. 
     Puede que algunos se pregunten por el título. Aunque en muchos y diversos fenómenos literarios, el título devele su sentido tras una lectura íntegra de la obra, en este caso particular, es un anuncio, un prefacio exclamado desde el comienzo, desde el génesis, desde la gestación. Permítanme, entonces, explicarles: un chubasco es un fenómeno meteorológico; es un tipo de precipitación caracterizada por sobrevenir con brusquedad y finalizar presto, es una especie de tormenta que finaliza antes de llegar la noche (antes de la presesión de un nuevo día). ¿Un chubasco puede poseer una sonata o conformar tan siquiera una? Pues bien, si tenemos en cuenta que una sonata es una pieza musical compuesta para un solo instrumento o un número reducido de éstos –normalmente el piano por su calidad polifónica- y que el número y orden de los movimientos es variable, aunque es frecuente la secuencia de tres movimientos, a las que algunas veces se añade cuatro, la respuesta es sí. El título completo es una extraordinariamente mediocre metáfora que refleja la pasión, la poética, el tormento y lo efímero de la historia que relata. Cada Chubasco es un movimiento de esta Sonata. Y es su autora implícita representada el piano polifónico que se presta a la ejecución que Ud. lector, llevará a cabo de este texto, su más servicial partitura. No me atrevo a sugerir las emociones que puedan despertar al interpretar cada acorde; eso quedará en cada uno por su cuenta, de acuerdo a la sensibilidad interpretativa y la digitación de cada cual.
  ¿Es este un manifiesto acerca de la Verdad? ¿Quién soy pues, para determinar qué es cierto y qué no? ¿Cómo confiar en una presunta verdad relatada por alguien que bajo una máscara, un pseudónimo, un sexo determinado, una identidad inventada y apropiada? Es pues que los artistas mienten para decir la verdad.
     Mi nombre es Lisbeth, soy mi propia invención, soy mi propio alter-ego. Mi existencia es efímera, mis recuerdos vanos y mis palabras apócrifas. Inútil es filosofar acerca del sentido de las palabras, pues a ninguna respuesta conduce… ni las palabras ni la filosofía; tan sólo adornar lo intangible para hacerlo interesante y crear la ilusión de lucidez. Entonces, ¿qué es lo que me impulsa a llenar varias hojas en blanco? La engañosa soledad, ¿tal vez? No. Los excesos, mi memorias de alcoholes y cocaína, la irrealidad del tiempo, la inmaterialidad mutable del vacío; el querer deshacerme de todo, desgarrarme a mí misma y transmutar mi sangre, mis tendones, mi corazón en líneas filiformes porque ya no tolero más mi propia humanidad. Humana necesidad y vívida decadencia. No será esta una confesión, ni un credo, ni un canto; será varios portarretratos de una vida y sus diversas pasiones, reflejos casi fidedignos de un solo espíritu tras diversas mujeres, que todas fueron yo y yo fui, en algún momento, ellas, aunque ahora no me considere perteneciente ningún sexo en particular ¿Fueron acaso estas pasiones magníficas o magnificadas por inequívocos? Morí; aunque todavía cierto órgano, que no oso a nombrar dado que su nombre conlleva connotaciones poéticas (es acaso la Poesía la que…), todavía bombee mi sangre, mi mente aún sea lúcida, y no agonice de ninguna enfermedad biológica mortal. Fue alcohólica, soy cocainómana; soy neurótica, soy depresiva, soy obsesiva, soy hiperactiva. Pero esa no es la novedad, todos me creen original, pero soy un cliché encarnado; es mas, hasta me considero aburrida. Soy la destrucción de mi propio mito. Todo lo que se ha dicho, puede que sea verdad, pero dentro del universo de la relatividad (de hecho, todo el universo es relativo) que es la verdad, yo seré la responsable de mi propio despojamiento de leyendas.
     Si alguien alguna vez me quiso conocer, jamás habría sido posible conociéndome como “Lisbeth”, el sujeto social. Porque ese sujeto social muta constantemente, escondiéndose tras identidades fugaces tan sólo para sentirse más libre y auténtica que antes. Hay tan diversas versiones mías como personas que he conocido. ¿Alguien me conoció realmente entonces? La respuesta es cada uno de ellos conoció una parcialidad mía. Escabulle, escabullo; soy una consumada maestra del ingenio y de la evasión, ya sea en la realidad o en la ficción de mis palabras (es esta mi excepción original y supero el concepto básico del escritor “escribe sobre lo que conoces”, yo soy lo que escribo y mi escrito es yo; de todos, algunos tendrán el beneficio de la duda; y en todo caso, seré poca original, ¿pues qué original puede hallarse en un texto autobiográfico excepto en la forma que es escrito?) Estoy en constante movimiento tan sólo para no caerme al precipicio, como los pájaros, que deben mantener sus alas en constante movimiento para que el viento no les apabulle con el subyacente vacío hacia una mortífera caída. La verdadera desnudez y claridad de mí, no se encuentra en mi corporeidad, sino en mi alma. ¿Pero de que te sirve a ti saber eso si mi alma es sólo mía, es indomable y tal vez sólo le pertenezca a Dios? Porque la única vía posible para divisarla, son las palabras. Es más precisa y limpia mi poética, que un potencial diario íntimo, del cual habría que distinguir cuando habla el vicio y cuando hablo yo. Todo es más claro en versos y estrofas, ciertas complexiones y complejidades dejan de serlo cuando se elevan por sobre lo mundano; dado que es justamente ese lineamiento llano, el que hace incomprensible lo trascendente a los sentidos. Al igual que Rimbaud, mi padre, mi hermano, mi patria, yo he visto lo que otros han creído ver. Yo vi el pasado, dimensiono el presente, y atisbo el futuro. Puede ser que este desvariando, puede ser que no, es vano afirmar o negar, cuando no me es posible distinguir, ya no más, la razón de la locura. La razón encausa mis pasiones hacia la luz, mas la locura me libera y entremedio evito la oscuridad, el fondo. He nacido frágil y fuerte, mi intelecto fue superior más mi sensibilidad extrema, mi mente es apasionada más mi apostura pasiva: soy el océano… profundo y lábil, oscuro y tormentoso, apacible y violento. Mi caos se rebela revelándose como armonía. Escribo para combatir la incertidumbre, escribo para escurrir los excesos, escribo como si de un sacramento a consumar se tratara, una purificación pagana sin arrepentimientos cristianos. ¿No es acaso la poesía la resacralización del mundo laico? Mi propio mundo me ha desbordado, y cómo sabría contenerlo sino a través de la perturbación de los sentidos, a través del engaño a las percepciones tan sólo para hacerlos resbalar. Un artista tan sólo vive a través de su arte y su arte el cual le hace sentir vivo. Pero yo no soy una artista, soy mi propia obra maestra. Algunos escriben para vivir, otros viven para escribir. Yo viví y vivo para escribir, es lo que siempre me mantuvo en pie, lo que me detuvo ese preciso instante, desde los 13 años, a evitar que sucumbiera en la dulce tentación de ahorcarme u ahogarme a voluntad. ¿Tendencias autodestructivas? Percudí mi cuerpo, no mi espíritu.
     Ya no puedo seguir refiriéndome a lo poético en mí. ¿Por qué? Porque cuando el corazón muere, el poeta muere con él, y el agujero que queda en el pecho es la fosa donde el poeta descansa. Más todo final es un principio. He de aquí, de aquel mausoleo que las musas resguardan para que el cuerpo no sea profanado, que se cultivan las flores de la filosofía, y el filósofo es el más superior de los poetas, es aquel que ya no necesita de sus artificios ni métricas, ni metáforas, para proyectarse a través del todo, que al mismo tiempo, en la atemporalidad de sus escritos, es su más grande nada.
      Mi nombre es Lisbeth, soy mi propia invención, soy mi propio alter-ego; he sido Lady Dylan, proclamada como la sexta Lady Byron, he sido Reina de una tierra de nadie, doncella de bestias, una guerrera de sangre celta, una dócil marioneta, una poeta y una desquiciada, una viciosa y una inmaculada. Eros y Tánatos, después tan sólo un trío místico con la Muerte.

He caído sobre mi propia espada

¿Por qué últimamente he estado publicando tanta porquería? ¿Qué clase de embrujo me sumergió en este proceso idiota?
He de emprender mi camino de regreso y postrarme ante las musas. Ellas, soberbias, me harán retorcerme en mi súplica para concederme nuevamente su favor.

Polvo de Ángel (Epílogo)



No hay nada más triste que un corazón roto por una mentira

¿Cómo enmendar esa ausencia de ti mismo?

Tan sólo debes seguir adelante, sin pensar

Sin sentir

Pues ya no sos vos

Sos alguien

Todavía

La carnalidad de la bombacha y su color frambuesa

La humedad del clítoris henchido de amor

La humedad excesiva de una fruta podrida


Barroca solitud


Los felinos fuman litio concentrado

Porque los felinos

Son maniacos depresivos

Polvo de Ángel


No quiero entregar mi culo por otra línea más

La cuchara plateada y
los miligramos que han escapado

La lluvia dorada sobre mis labios paspados
Los ojos sepultados bajo un rímel tosco

¿Por qué,  polvo de ángel, te disuelves tan pronto?

Tengo frío, he perdido a mi oso de felpa
Tengo frío, el vino se ha acabado
Tengo frío…

Definición de vodka: Bebida alcohólica con sabor a guasca picante.

Iris, un par de caleidoscopios psicodélicos
No encuentro más papel higiénico
Las estrellas fugaces son los ácidos lisérgicos del cosmos

Seamos dos en este final
Seamos fieles a la inconsciencia
Pica mi corazón con mil jeringas
Pícame hasta destriparme la angustia entera

Los cristales rotos

Un clítoris hinchado de amor

(las heridas que nunca sanan deben ser desgarradas por completo)

Se sienten tan bien las sábanas de algodón
y mi cuerpo desnudo

Todo estará... allí