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Un corazón miserable


¿Cómo eludir mi deseo, si incluso en sueños -donde mis acciones no poseen consecuencias reales- te busco con persistencia? Con esa persistencia, a la vez secreta, que tan sólo los enamorados conocen. Mas no comprendo el sentido de mi búsqueda, si he de decir la verdad, pues yo soy feliz con el amor presente que la vida, a veces tan injusta, me ha dado. ¿Cómo puede ser que mire hacia otro lado cuando tengo en mi posesión algo maravilloso? ¿Acaso es la naturaleza del ser humano, el ser tan caprichoso, que tan sólo por un deseo no satisfecho es capaz de arruinar o desperdigar el mejor de los tesoros? ¿Por qué no puedo amar ambas personas a la vez? ¿Ambos corazones sufrirían por no ser el único amo del mío? ¿Por qué el amor nos aprisiona cuando el verdadero amor es una promesa real de libertad? Es, en realidad, el deseo el que nos hace esclavo. El amor es tan sólo la flor mejor cultivada del deseo. ¿Cómo elegir una rosa tan bella como otra, sin despreciar a ninguna? Una posesión es real y rebosante de esplendor; la otra secreta y oculta. Siento verguenza y desagradecimiento. Y cada día que despierto, trato de no pensar en nadie que pueda perturbar la paz de mi jardín, pero es inútil. Y soy cobarde, porque tan sólo callo. Y lo quiero todo por nada, porque no soy capaz de renunciar para conseguir. Y en mi deseo no hay justicia para nadie, porque nadie obtendría lo que en verdad se merece. Y no tengo libertad porque la verdad no es dicha. Y lo que es aún más terrible, tengo miedo. Miedo de equivocarme, y quedarme sin nada, cuando ahora tengo casi todo.

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