(...)

(...)

Once Recovecos


"Much suspected by me,
Nothing proved can be"   
-Queen Elizabeth I

I.
Nos encontramos en un mundo tan necio, sin propósito y superficial. ¿Qué hacen las mayoría de las personas aparte de sobrevivir? ¿Dónde y cuándo cultivan su espíritu? Pero cuidado, instruirse y perderse en malandrines intelectuales no es lo mismo que alimentar el alma. Leer filosofía y creer entender qué dicen aquellos filósofos afamados no es introducirse en el alma de los hombres; es tan sólo especular con la razón. ¿Por qué a tantos les cuesta ver eso? Por lo tanto, las bellas artes son superiores a la racionalidad, porque las bellas artes son las únicas que penetran de forma pura en el espíritu de los hombres y no la razón. Pobres aquellos que desconocen las pasiones.

II.
No hay personas inferiores... hay tan sólo personas que aún no han encontrado su camino hacia la grandeza.

III.
Es un mundo tan grande, y sin embargo, los placeres que en apariencia parecen pequeños o simples, pueden ser tan gratos. El amor fluye en cada uno de ellos: el amor al prójimo, el amor a la naturaleza, el amor a los colores del día. ¿Para qué resignarse a la oscuridad y su tormento cuando pueden descubrirse pequeñas grandes bellezas en el arte, en la bondad y en nuestras propias acciones? Aquel que ya no regocija más su alma, es porque definitivamente ha muerto en vida, la cual habrá de adquirir un sabor muy amargo en la conciencia.

IV.
La lucidez del hombre no se halla en la racionalidad de la mente, sino en la pasión de su espíritu.

V.
La pretensión de los hombres en relación con las mujeres es semejante al del hombre con las estrellas, cuerpos celestes y los astros: estudian, descubren, contemplan sin cansancio, creen ser capaces de conocer a cada una de ellas algún día y finalmente dominarlas. Sin embargo, ninguna mujer es un misterio develado para ningún hombre. La pretensión del hombre ante el cosmos es igual de inmensa e inabarcable como la de un hombre ante su pretensión de poseer completamente y a plena conciencia a la mujer. Ambas pretensiones son un engaño y ambas son llevadas a cabo con ridícula soberbia.

VI.
Lloran los ángeles del cielo por cada una de las miserias del hombre. ¿Cómo es que la creación más perfecta y amada ha sido tan degenerada y dañina? "...con el corazón casi hecho ceniza, hazte cargo de mi destino..."

VII.
La razón protege el corazón hasta que los sentidos la debilitan; es entonces cuando el corazón es entregado con una mano y resguardo por otra. ¿Pero cuando es, cómo sucede, el terrible hecho en que nuestro corazón es destrozado; dónde estuvo entonces la guardia? Son los placeres y el devenir inconsciente de Eros, que nos hacen dejar la espada a un lado, haciéndola creer innecesaria. Sin embargo, siempre parecemos sorprendernos cuando Tánatos hace de las suyas.

VIII.
Si Prometeo nos entregó el fuego divino para librarnos de la esclavitud a la cual nos somete la ignorancia, ¿por qué si vemos a tantos hermanos en la oscuridad no los arrimamos hacia la luz? ¿por qué ellos habrían de resistirse? ¿son acaso como ciegos temerosos de ver? ¿o somos nosotros acaso los temerosos de ver que aquel de quien sacamos de la oscuridad somos acaso nosotros mismos?

IX.
Los hombres machistas son graciosos porque creen que por ser servidos se les reconoce o admite su superioridad o valor más alto. Sin embargo, en su ociosidad se ven realmente inútiles. ¿De dónde habrán sacado la idea de que ser servidos todos los días, teniendo capacidades y fuerzas, es ser halagado por su trabajo? ¿Desde cuando las capacidades ejercidas y las fuerzas de la voluntad cosechan ocio vacío y servilismo? Tal vez me equivoque, pero deberían ver el fruto de su esfuerzo primero en la huerta de su alma y luego en la admiración de los demás, ¿cuál es o sería mayor recompensa que resultar ser una inspiración para otros? ¡Eso es motivar a la acción!

(Esta reflexión no debería estar sólo dirigida hacia los machistas tan sólo, los cuales son producto de su cultura, sino a todos aquellos que creen merecerse ser servidos y en realidad viven sin hacer nada interesante de ellos mismos y de algún modo deben complacer a su ego)

II.
No hay personas inferiores... hay tan sólo personas que aún no han encontrado su camino hacia la grandeza.

III.
Es un mundo tan grande, y sin embargo, los placeres que en apariencia parecen pequeños o simples, pueden ser tan gratos. El amor fluye en cada uno de ellos: el amor al prójimo, el amor a la naturaleza, el amor a los colores del día. ¿Para qué resignarse a la oscuridad y su tormento cuando pueden descubrirse pequeñas grandes bellezas en el arte, en la bondad y en nuestras propias acciones? Aquel que ya no regocija más su alma, es porque definitivamente ha muerto en vida, la cual habrá de adquirir un sabor muy amargo en la conciencia.

IV.
La lucidez del hombre no se halla en la racionalidad de la mente, sino en la pasión de su espíritu.

V.
La pretensión de los hombres en relación con las mujeres es semejante al del hombre con las estrellas, cuerpos celestes y los astros: estudian, descubren, contemplan sin cansancio, creen ser capaces de conocer a cada una de ellas algún día y finalmente dominarlas. Sin embargo, ninguna mujer es un misterio develado para ningún hombre. La pretensión del hombre ante el cosmos es igual de inmensa e inabarcable como la de un hombre ante su pretensión de poseer completamente y a plena conciencia a la mujer. Ambas pretensiones son un engaño y ambas son llevadas a cabo con ridícula soberbia.

VI.
Lloran los ángeles del cielo por cada una de las miserias del hombre. ¿Cómo es que la creación más perfecta y amada ha sido tan degenerada y dañina? "...con el corazón casi hecho ceniza, hazte cargo de mi destino..."

VII.
La razón protege el corazón hasta que los sentidos la debilitan; es entonces cuando el corazón es entregado con una mano y resguardo por otra. ¿Pero cuando es, cómo sucede, el terrible hecho en que nuestro corazón es destrozado; dónde estuvo entonces la guardia? Son los placeres y el devenir inconsciente de Eros, que nos hacen dejar la espada a un lado, haciéndola creer innecesaria. Sin embargo, siempre parecemos sorprendernos cuando Tánatos hace de las suyas.

VIII.
Si Prometeo nos entregó el fuego divino para librarnos de la esclavitud a la cual nos somete la ignorancia, ¿por qué si vemos a tantos hermanos en la oscuridad no los arrimamos hacia la luz? ¿por qué ellos habrían de resistirse? ¿son acaso como ciegos temerosos de ver? ¿o somos nosotros acaso los temerosos de ver que aquel de quien sacamos de la oscuridad somos acaso nosotros mismos?

IX.
Los hombres machistas son graciosos porque creen que por ser servidos se les reconoce o admite su superioridad o valor más alto. Sin embargo, en su ociosidad se ven realmente inútiles. ¿De dónde habrán sacado la idea de que ser servidos todos los días, teniendo capacidades y fuerzas, es ser halagado por su trabajo? ¿Desde cuando las capacidades ejercidas y las fuerzas de la voluntad cosechan ocio vacío y servilismo? Tal vez me equivoque, pero deberían ver el fruto de su esfuerzo primero en la huerta de su alma y luego en la admiración de los demás, ¿cuál es o sería mayor recompensa que resultar ser una inspiración para otros? ¡Eso es motivar a la acción!

(Esta reflexión no debería estar sólo dirigida hacia los machistas tan sólo, los cuales son producto de su cultura, sino a todos aquellos que creen merecerse ser servidos y en realidad viven sin hacer nada interesante de ellos mismos y de algún modo deben complacer a su ego)

X.
Es tan bueno sentirse vivo y ver que el mal es tan sólo un miserable que no sabe vivir.

XI.
La miseria es un manco sin piernas, sucio, y que se arrastra...

Requiem from Ophelia to Hamlet


A black rose has been tattooed on his chest
The hair is dark, also scruffy and almost wet
Long but despair, short and never faded
Opaque boots… the trousers of leather made
The thin contour of red and blue vanes
Someday will be cold as the winter’s face
Please, don’t stop the natural course of Fate.

Somehow I assuage my sadness, and the lonesome mortality
Some memories that will never tire of stabbing my insanity…
Suddenly, the pane is too hard for my closed and suffering eyes
One night I will run away into the eternity to die like a fire
Beneath the dark sky, while the moon is purely white and shine
Smelling your last essence over my wuthering and already dead mind.

I wouldn’t remember who I am or who I was
What I feel once, the only feeling I can recall
Nothing meant to me an after or a before
What I love or what I hate… they don’t care anymore
Because all my days are breathless good-bye songs
And all my nights brighten stars in the heaven above.

Inside of the playground if the lost soul-mates, between tears and steps
Shadows and ghosts are crying behind the broken mirror through the death
The needles of the clock only will show how the time has quickly gone
Seasons came and go without stop and life has became now to short
Rosebuds and leafstalk chokes, clouds roll by a brief darksome horse
A little breakdown among the fields, among the storm, among a broken heart.

Red roses, red blood; red lips, red-ink-letters ready to be forgotten
“Helf Gott, Helf Gott, Helf Gott” the kid’s pray became ash and fall
Drawing himself into the river Ouse with the pocket full of heavy stones
Why the poetry must go on? Gone with the wind, must be, as once one poet wrote
Are words essential when you are not longer prepare to live, to die, to love once more?
The words passed away while the bit of passion lacks into the cold snow.



Black Narcissa's Chronicles: From Bohemian Fields and Groves


Nada le generaba auténtica satisfacción… ni siquiera minar mi organismo con gran constancia; ya resultaba inmune a su propia destrucción y de repente, y sin saber porqué, las paredes resultaron demasiado frías. La silueta bamboleante del humo del cigarrillo de Emma se elevaba, mientras finas gotas caían sobre el vidrio de la ventana, empañándolo. La sinfonía número 8 de Schubert, la Inacabada, alcanza un espiralado clima a los 4 minutos 58 segundos. La disquera continuaba marcando el tiempo, mientras la tensión en las cuerdas iba acrecentándose en el primer movimiento, el allegro moderato.  Una línea blanca, descompuesta su blancura en desmenuzadas nimiedades, yacía en el centro de una bandejita de metal sin llegar a rozar los extremos laterales. Como una larga y blanca estrella de nieve tímida a desplegarse. Inmóvil como las cenizas resguardadas de brisas, a punto de ser desparramadas, inalcanzables. La piel pálida, que alguna vez estuvo teñida de tintes rosados, ahora se esfumaba en un amarillo retro con ciertas pinceladas violetas que hubieron de concentrarse ya, hace unos días, como unas profundas aureolas bajo los ojos. La relampagueante humedad del torso provocaba unos escalofríos a los que Emma pretendía no darle importancia. Pestañeaba con lentitud, aún recostada dentro de la cama y pensando cuán bien se sentía estar casi durmiendo al fin y cuán desgastante era tener que levantarse una vez más. La tensión en el cuello, la transpiración nocturna, los párpados pesados. Densas palabras mudas compactadas como yunques ardientes cuyo peso yaciente sobre su huesudo pecho iba haciéndose cada vez más difícil de ignorar a medida que los primeros segundos iban sucediéndose de modo irrefrenable, ineludibles. Apenas podían ser perceptibles las rajaduras que poco a poco iban dilatándose hasta quebrar estructura por estructura, parte por parte, ensamble por ensamble. La sensación de ser una balsa vacía, abandonada a las mareas, salpicada por las olas y con la vela a punto de resquebrajarse del todo le atravesaba tanto el cuerpo como el espíritu. Al estar a la deriva perdía a menudo la noción del tiempo, el eje de rotación. Olvidaba poseer sombra. Creía en demasiadas cosas pero no tenía certeza de ninguna. Caminaba en una cuerda floja cuyo abismo era su propio reflejo. Caía una y otra vez dentro de sí misma, de espaldas, sin siquiera tener la voluntad de alzar el brazo para tratar de levantarse. Podría tratarse de una cuestión de orgullo ó de negación: el terror a la lástima, a parecer débil, carente de voluntad; aborrecerse a sí misma por movilizar la compasión de otros. Callada, se destapó. Le frustraba no aniquilar su sensibilidad por completo.