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27

Una por cada año de mi vida, por cada derrota, por cada silencio, por cada herida.
27 años, 27 pastillas.


30/04 bis

La pérdida de conciencia es negra; la muerte, roja; la resurrección, violeta.
El instinto de supervivencia es blanco y quema; fluye como lágrimas de muerte cuando nos queremos aferrar a la vida; eventualmente, se diluye. Eventualmente, fluimos.


30/04

Sanación del deseo de la muerte.
Esa es la estrella de mi cimiento.
Nací para morir y transmutar:
Ego, cuerpo y ánima.
Soy y no soy sombras
Soy y no soy reflejos
Soy y no soy ayer, hoy y mañana.
No soy única; soy múltiples.
Pero muero de a una.


Cama

Donde los dedos humedecen al segundo corazón; donde la conciencia practica la muerte y transmuta el cansancio en otro despertar; donde el dolor es acobijado y las lágrimas absorbidas. Es este el mausoleo de la reencarnación: el sepulcro diario de nuestras agitaciones y el pozo de agua estancada.


Día de los Muertos - Parte I

Este es el relato de cómo me encontré con un ex en una reunión de A.A. y el cómo terminamos garchando. Fue divertido y perverso porque hubo una mutua, consciente y pendeja pero aún así gozosa manipulación psicológica de por medio. Sí, lo sé, suena pretencioso pero siendo honesta el coger con alguien del pasado siendo ambos un rejunte de pedazos de egos hiperinsuflados que ya no pueden estar más quebrados es lo más cercano que experimenté a la necrofilia (y no pretendo explorarla más allá de eso); una necrofilia no sólo carnal sino también espiritual. 
En fin... 
Las reuniones de alcohólicos anónimos en Baires se parecen y no se parecen a lo que podés llegar a ver en una película yanqui. Las iglesias o los centros culturales de barrio suelen ser el punto de encuentro dado que brindan el espacio necesario gratis. Hay varios horarios pero yo elegí de noche, por Caballito, en una parroquia a dos estaciones de subte de mi casa. ¿Sirven café? Sí. ¿Hay un equivalente a “donas”? No (aunque tengo una fantasía media pérfida al respecto). ¿La gente que va ahí se va tan deshauciada como en la ficción? Más aún todavía.
La primera vez que fui, llegué 15' antes porque claramente no quería llegar tarde ni entrar de prepo ni de ninguna forma que subrayara aún más el ser nueva. La portera me dijo dónde era la reunión y me quedé sentada afuera, en un banco de madera largo. Minutos después, escucho sin claridad un grupo de voces que aparentemente decían lo mismo, varios corrimientos de sillas y el girar del picaportes. Se abre la puerta y una persona con sobrepeso tras otra comienza a salir; algunas con la cara roja, otras contentas, otras cansadas pero todas con papada. De no haber sido porque me encontraba en una iglesia hubiera pensado que se trataba de la salida de una reunión de padres (sí, soy consciente de que es una observación maliciosa y superficial). Googleé en mi celular “gordos anónimos av. La plata” y me enteré de que era un grupo de autoayuda de comedores compulsivos. Me pregunté si aquellas reuniones eran el otro nivel (tal vez el próximo) al cual te dirigías una vez que superabas la adicción al alcohol pero no la ansiedad que la propulsa. No es raro para la gente de personalidad adictiva saltar de un vicio a otro y más cuando están asociados al introducirse cosas en la boca (fijación oral): bebida, cigarrillo, comida, penes, el comerse las uñas o cualquier otro ente digerible con el cual te proporcionás una falsa sensación de saciedad porque nunca nada es suficiente; nunca sos suficiente en tu mente y por eso llevas a tu cuerpo a límites extraordinarios de consumo. Sí, hay cierta patética arrogancia en un/x adictx que sabe que se la banca y que no padece body shaming. Ojo, mi condición física dista de ser óptima pero no es aparente ese hecho.
Soy demasiado auto-consciente -incluso a un nivel narrativo- como para no inferir que a este momento de la lectura la persona que me está leyendo está pensando que soy arrogante, una pendeja o una forra. Y está bien porque estoy reflexionando de manera poco sensible e inteligente sobre el  tópico pero voy a decir a mi favor que la mayoría de los textos producidos en torno al tema (excluyando los que exploran el abuso de sustancias) son materiales de auto – ayuda rosa que una vez que los terminas de leer y fracasas en aplicar sus enseñanzas, te hace sentir como un/a enclenque al sólo le faltó poner más voluntad; promocionan curación y sanación a través de pasos de re-encuentro armónico (que implican una inversión de dinero que no tenés muchas veces) con unx mismx y tus seres queridos cuando la posta es caminar descalzx el infierno de tus propias cicatrices, abrirlas otra vez porque claramente están mal curadas, dejarlas sangrar, dejar que drenen la mierda acumulada, limpiarlas, verlas en su dimensión real y volver a coserlas con prolijidad. Las marcas jamás se van a ir pero podemos llevarlas sin que nos intenten pudrir el resto de nuestro ser. 
Supongo que cuando no logramos ser mejores que nosotrxs mismxs, nos volvemos insensibles; nos previene -dada la temporal inevitabilidad del autodesprecio- de nuestra propia destrucción hasta que aprendemos a deconstruirnos para renacer, para parirnos de nuestras propias entrañas y amarnos y cuidarnos como la reconstrucción consciente y deseada de lo que tratamos idealmente ser. 
Superar la condición de arrojadxs requiere de múltiples muertes del ego y mi acercamiento preferido es el sexo porque al igual que el alcohol consiste en la dilución emocional del yo mientras el cuerpo delimita y profusa la percepción material de la experiencia; es la entrega sin la fusión, es una consumación desplegada en múltiples niveles. En cambio, una transmutación requiere de una desestructuración, redención e intregración absolutas.


Desentierro

A veces, el precio de cierta protección (constante) puede resultar ser el desarrollo de una vigorosa debilidad. Una debilidad opiácea: crea dependencia, da sensación de bienestar y limita la exploración lúcida de la existencia. Podés estar sumergida en una profunda pero prístina ensoñación y confundirla -fácilmente- con introspección consciente. Este tipo de protección sólo te hunde, te aísla del mundo, te entierra con vida. La ausencia en vos misma es la forma más fácil y estéril de no hacerte responsable de aquello que te atraviesa: lo malo, lo bueno y lo potencial. Es la máxima práctica de la negación existencial. No es extraño que cuando la angustia te desborda no comprendas exactamente por qué... Te acostumbraste tanto a vivir bajo el agua que el sólo respirar te provoca agitación.