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Tres Septetos a Medianoche

Oh, amante, de largo, frío y delicado cuello
Recostados aquí, te adoro en mi bacanal lecho
y pareciera que pudiera desnudar tus adentros,
contemplar las oscuras mareas que sin cesar deseo
Deseo mojar en mis labios tu esencia de Orfeo
luego, entregarme enteramente al plácido Morfeo
antes, de componer los más profanos versos.

Entre dos puentes rosáceos y de lanudos campos
En la lengua del oscuro Sol saboreo un blanco agrio
Entre dos rojas carnes que sobre el monte hallo
un amargo tironeo a mis labios ha en breve secado
Es en ninguna otra boca que encuentro dulzor amargo
en la obertura redonda de tu cañón apenas apuntando
apenas húmedo, carnal como el más hedónico santo.

Grises esfumados que sobre mis párpados se elevan
Alma de pastoril tabaco que alumbra la pérdida serena
Impalpables difuminados de espejos que nada reflejan
enlazadas a opacas chispas, chispas de inmovilizadas saetas
Envenéname una vez más para tenderme en las mareas
Sálvame una vez más para no ahogarme en las arenas
Complaceme a través de esta condena y abraza mi celda.

Records

Es la sonrisa perdida
Una vieja fotografía

La nolstangia celebra
esa copa que quedó por beber
y que jamás pedimos
    quedó en nuestro paladar la memoria
    y en el recuerdo palabras por decir

Nadie hace nada
A nadie le importa

Las fisuras y la humedad
Los colores descascarados
Todo cubierto de polvo

Un inmenso espacio lleno de cosas
Un bello alivio ese abandono.

Midnight Passage Decembrino

Aunque parezca fácil, es realmente difícil con sinceridad escribir sobre uno mismo. Siempre va a haber algún aspecto que queramos maquillar u omitir. La pura verdad siempre termina censurándose, ya sea por vergüenza, aburrimiento o ridículo. Los únicos enterados fueron los elementos de escritura y vos. El papel puede extinguirse o perderse. Contemplarnos a través de un espejo y no a través del reflejo de nuestra percepción es arriesgado; generalmente suele ser molesto o doloroso, pocas veces amable. La mayor parte del tiempo vivimos con los ojos medio tapados; ver sin protección sería una coda edípica.   

El Fantasma de B - Parte II

¿Por qué será que tus miradas me inquietan tanto? 

Eres un pensamiento recurrente, nublas la verdadera conciencia de mi corazón;
me estás indicando algo que estoy evadiendo o ignorando.

Eres mi Syd Barrett personal. Misterioso, aquel del cual todos sospechan locura. Dices poco, pero la tensión es abrumadora. Das un paso para adelante y tres para atrás. 

Quisiera escribirte, reescribirte y no poder reinventar nada más, pues serías intocable por mis palabras.
Serías aquel muso de glauca fugitividad que nada dice, pero que todas las pasiones desata.
A través de tu torre de mármol, tratas de romper con mi prudencia.

La posesión de nuestros cuerpos sería un acto abominable; lo censuro.
El amor libre no es compatible con la culpa.

Tal vez carezca de la madurez necesaria para asumir la verdad y me falte fortaleza para rendirme...

Ese deseo maldito es real y no al mismo tiempo: su principio de contradicción es imposible.

El Fantasma de B - Parte I

Una noche, tras mis 21 años, finalmente volví a escribir.
El cielo lloraba estrellas y mi temple ya no pertenecía más que mi destino.
¿Para qué surcar estas aguas, en las cuáles me estoy ahogando?
Debía hacerlo, sin preguntarme por qué
Mi razón no era la juventud impetuosa
Era mi deseo de escapar, de no importarle nadie
Ni siquiera a mí misma.

El fantasma del poeta B. apareció ante mí; transfigurado, resplandeciente, envejecido.
Me dijo no estar contento conmigo, pues había desviado mi camino, mi prosa. Desoí a mi hado e ignoré los contrapuntos estelares. ¡Desperdicio! Por un instante ínfimo en simultáneo perdido el impulso de las lágrimas me atizaron. Tal contemplación, tan profunda como melancólica, despareció al son de su efemeridad sentimental.
Señalada, señalado el ala izquierda de mi pecho. Todavía latía, acelerado y furtivo. Me había dejado arrastrar por una marea nauseabunda… débilmente. Mi corazón enfermó de pasiones y mi poética se obnubiló. Desconsideré mis principios. Las sombras me saludaban como fuegos de vivac. “Vuela, vuela, elévate para que no te podamos alcanzar” La Libertad. La libertad también incluye pérdida.
                    Una libertad bien conquistada es cruenta pero definitiva.
El espectro de Byron rejuveneció. Sonríe apenas y espera que haga lo que debo hacer: obedecer. Obedecer a mi fuego, la única sustancia inmortal, pues todo el resto se deshace.

Tenía tantas cosas para decir, pero no sabía precisamente cómo.
Mis pensamientos me desbordaban, y los lanzaba con violencia
Hasta que me di cuenta de que no vivía en mí sino en otro lugar
Y que mi cuerpo y mente debían volver a reunirse antes de que mi alma estallara
Tanta angustia innecesaria.

Sé que me siento más a gusto en el camino amargo y solitario
Aunque me deshaga en el amor y en la ternuras que más anhelo
Son mis escritos mi yo confeso, aquí es imposible negar
Lo que con gestos y sociabilidad distraigo con alegría
Quiero quebrar muros, pero mis brazos aún están débiles.

En cada verso cultivo pequeños huertos de genio.

En cada verso germina una rosa húmeda de sangre y fresca de vida, iluminada por un viejo mirando hacia abajo desde arriba con un compás entre sus dedos mientras se mece sobre una media luna solar.