Oh, amante, de largo, frío y delicado cuello
Recostados aquí, te adoro en mi bacanal lecho
y pareciera que pudiera desnudar tus adentros,
contemplar las oscuras mareas que sin cesar deseo
Deseo mojar en mis labios tu esencia de Orfeo
luego, entregarme enteramente al plácido Morfeo
antes, de componer los más profanos versos.
Entre dos puentes rosáceos y de lanudos campos
En la lengua del oscuro Sol saboreo un blanco agrio
Entre dos rojas carnes que sobre el monte hallo
un amargo tironeo a mis labios ha en breve secado
Es en ninguna otra boca que encuentro dulzor amargo
en la obertura redonda de tu cañón apenas apuntando
apenas húmedo, carnal como el más hedónico santo.
Grises esfumados que sobre mis párpados se elevan
Alma de pastoril tabaco que alumbra la pérdida serena
Impalpables difuminados de espejos que nada reflejan
enlazadas a opacas chispas, chispas de inmovilizadas saetas
Envenéname una vez más para tenderme en las mareas
Sálvame una vez más para no ahogarme en las arenas
Complaceme a través de esta condena y abraza mi celda.
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