¿Por qué será que tus miradas me inquietan tanto?
Eres un pensamiento recurrente, nublas la verdadera conciencia de mi corazón;
me estás indicando algo que estoy evadiendo o ignorando.
Eres mi Syd Barrett personal. Misterioso, aquel del cual todos sospechan locura. Dices poco, pero la tensión es abrumadora. Das un paso para adelante y tres para atrás.
Quisiera escribirte, reescribirte y no poder reinventar nada más, pues serías intocable por mis palabras.
Serías aquel muso de glauca fugitividad que nada dice, pero que todas las pasiones desata.
A través de tu torre de mármol, tratas de romper con mi prudencia.
La posesión de nuestros cuerpos sería un acto abominable; lo censuro.
El amor libre no es compatible con la culpa.
Tal vez carezca de la madurez necesaria para asumir la verdad y me falte fortaleza para rendirme...
Ese deseo maldito es real y no al mismo tiempo: su principio de contradicción es imposible.
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