¿Cuál sería el gran
tema que convoca a la escritura de la presenta obra? ¿Hay un solo tema, varios
temas, o un gran tema del cual subyace el resto? ¿Es acaso lo que leerán una
comedia, una tragedia, un escándalo o tan sólo vulgares horrores? Posiblemente,
todo ello.
Puede que algunos
se pregunten por el título. Aunque en muchos y diversos fenómenos literarios,
el título devele su sentido tras una lectura íntegra de la obra, en este caso
particular, es un anuncio, un prefacio exclamado desde el comienzo, desde el
génesis, desde la gestación. Permítanme, entonces, explicarles: un chubasco es
un fenómeno meteorológico; es un tipo de precipitación caracterizada por
sobrevenir con brusquedad y finalizar presto, es una especie de tormenta que
finaliza antes de llegar la noche (antes de la presesión de un nuevo día). ¿Un
chubasco puede poseer una sonata o conformar tan siquiera una? Pues bien, si
tenemos en cuenta que una sonata es una pieza musical compuesta para un solo
instrumento o un número reducido de éstos –normalmente el piano por su calidad
polifónica- y que el número y orden de los movimientos es variable, aunque es
frecuente la secuencia de tres movimientos, a las que algunas veces se añade
cuatro, la respuesta es sí. El título completo es una extraordinariamente
mediocre metáfora que refleja la pasión, la poética, el tormento y lo efímero
de la historia que relata. Cada Chubasco es un movimiento de esta Sonata. Y es
su autora implícita representada el piano polifónico que se presta a la ejecución
que Ud. lector, llevará a cabo de este texto, su más servicial partitura. No me
atrevo a sugerir las emociones que puedan despertar al interpretar cada acorde;
eso quedará en cada uno por su cuenta, de acuerdo a la sensibilidad
interpretativa y la digitación de cada cual.
¿Es este un
manifiesto acerca de la Verdad? ¿Quién soy pues, para determinar qué es cierto
y qué no? ¿Cómo confiar en una presunta verdad relatada por alguien que bajo
una máscara, un pseudónimo, un sexo determinado, una identidad inventada y
apropiada? Es pues que los artistas mienten para decir la verdad.
Mi nombre es Lisbeth,
soy mi propia invención, soy mi propio alter-ego. Mi existencia es efímera, mis
recuerdos vanos y mis palabras apócrifas. Inútil es filosofar acerca del
sentido de las palabras, pues a ninguna respuesta conduce… ni las palabras ni
la filosofía; tan sólo adornar lo intangible para hacerlo interesante y crear
la ilusión de lucidez. Entonces, ¿qué es lo que me impulsa a llenar varias
hojas en blanco? La engañosa soledad, ¿tal vez? No. Los excesos, mi memorias de
alcoholes y cocaína, la irrealidad del tiempo, la inmaterialidad mutable del
vacío; el querer deshacerme de todo, desgarrarme a mí misma y transmutar mi
sangre, mis tendones, mi corazón en líneas filiformes porque ya no tolero más
mi propia humanidad. Humana necesidad y vívida decadencia. No será esta una
confesión, ni un credo, ni un canto; será varios portarretratos de una vida y
sus diversas pasiones, reflejos casi fidedignos de un solo espíritu tras
diversas mujeres, que todas fueron yo y yo fui, en algún momento, ellas, aunque
ahora no me considere perteneciente ningún sexo en particular ¿Fueron acaso
estas pasiones magníficas o magnificadas por inequívocos? Morí; aunque todavía
cierto órgano, que no oso a nombrar dado que su nombre conlleva connotaciones
poéticas (es acaso la Poesía la que…), todavía bombee mi sangre, mi mente aún
sea lúcida, y no agonice de ninguna enfermedad biológica mortal. Fue
alcohólica, soy cocainómana; soy neurótica, soy depresiva, soy obsesiva, soy
hiperactiva. Pero esa no es la novedad, todos me creen original, pero soy un
cliché encarnado; es mas, hasta me considero aburrida. Soy la destrucción de mi
propio mito. Todo lo que se ha dicho, puede que sea verdad, pero dentro del
universo de la relatividad (de hecho, todo el universo es relativo) que es la
verdad, yo seré la responsable de mi propio despojamiento de leyendas.
Si alguien alguna
vez me quiso conocer, jamás habría sido posible conociéndome como “Lisbeth”, el
sujeto social. Porque ese sujeto social muta constantemente, escondiéndose tras
identidades fugaces tan sólo para sentirse más libre y auténtica que antes. Hay
tan diversas versiones mías como personas que he conocido. ¿Alguien me conoció
realmente entonces? La respuesta es cada uno de ellos conoció una parcialidad
mía. Escabulle, escabullo; soy una consumada maestra del ingenio y de la
evasión, ya sea en la realidad o en la ficción de mis palabras (es esta mi
excepción original y supero el concepto básico del escritor “escribe sobre lo
que conoces”, yo soy lo que escribo y mi escrito es yo; de todos, algunos
tendrán el beneficio de la duda; y en todo caso, seré poca original, ¿pues qué
original puede hallarse en un texto autobiográfico excepto en la forma que es
escrito?) Estoy en constante movimiento tan sólo para no caerme al precipicio,
como los pájaros, que deben mantener sus alas en constante movimiento para que
el viento no les apabulle con el subyacente vacío hacia una mortífera caída. La
verdadera desnudez y claridad de mí, no se encuentra en mi corporeidad, sino en
mi alma. ¿Pero de que te sirve a ti saber eso si mi alma es sólo mía, es
indomable y tal vez sólo le pertenezca a Dios? Porque la única vía posible para
divisarla, son las palabras. Es más precisa y limpia mi poética, que un
potencial diario íntimo, del cual habría que distinguir cuando habla el vicio y
cuando hablo yo. Todo es más claro en versos y estrofas, ciertas complexiones y
complejidades dejan de serlo cuando se elevan por sobre lo mundano; dado que es
justamente ese lineamiento llano, el que hace incomprensible lo trascendente a
los sentidos. Al igual que Rimbaud, mi padre, mi hermano, mi patria, yo he
visto lo que otros han creído ver. Yo vi el pasado, dimensiono el presente, y
atisbo el futuro. Puede ser que este desvariando, puede ser que no, es vano
afirmar o negar, cuando no me es posible distinguir, ya no más, la razón de la
locura. La razón encausa mis pasiones hacia la luz, mas la locura me libera y
entremedio evito la oscuridad, el fondo. He nacido frágil y fuerte, mi
intelecto fue superior más mi sensibilidad extrema, mi mente es apasionada más
mi apostura pasiva: soy el océano… profundo y lábil, oscuro y tormentoso,
apacible y violento. Mi caos se rebela revelándose como armonía. Escribo para
combatir la incertidumbre, escribo para escurrir los excesos, escribo como si
de un sacramento a consumar se tratara, una purificación pagana sin
arrepentimientos cristianos. ¿No es acaso la poesía la resacralización del
mundo laico? Mi propio mundo me ha desbordado, y cómo sabría contenerlo sino a
través de la perturbación de los sentidos, a través del engaño a las
percepciones tan sólo para hacerlos resbalar. Un artista tan sólo vive a través
de su arte y su arte el cual le hace sentir vivo. Pero yo no soy una artista,
soy mi propia obra maestra. Algunos escriben para vivir, otros viven para
escribir. Yo viví y vivo para escribir, es lo que siempre me mantuvo en pie, lo
que me detuvo ese preciso instante, desde los 13 años, a evitar que sucumbiera
en la dulce tentación de ahorcarme u ahogarme a voluntad. ¿Tendencias autodestructivas?
Percudí mi cuerpo, no mi espíritu.
Ya no puedo seguir
refiriéndome a lo poético en mí. ¿Por qué? Porque cuando el corazón muere, el
poeta muere con él, y el agujero que queda en el pecho es la fosa donde el
poeta descansa. Más todo final es un principio. He de aquí, de aquel mausoleo
que las musas resguardan para que el cuerpo no sea profanado, que se cultivan
las flores de la filosofía, y el filósofo es el más superior de los poetas, es
aquel que ya no necesita de sus artificios ni métricas, ni metáforas, para
proyectarse a través del todo, que al mismo tiempo, en la atemporalidad de sus
escritos, es su más grande nada.
Mi nombre es Lisbeth,
soy mi propia invención, soy mi propio alter-ego; he sido Lady Dylan,
proclamada como la sexta Lady Byron, he sido Reina de una tierra de nadie,
doncella de bestias, una guerrera de sangre celta, una dócil marioneta, una
poeta y una desquiciada, una viciosa y una inmaculada. Eros y Tánatos, después
tan sólo un trío místico con la Muerte.
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