Hace mas o menos unas horas que desperté. Supongo que mis pensamientos me aturdían demasiado como para dejarme dormir, o por lo menos descansar un poco más. Pensar que los dos últimos días mi existencia cotidiana estaba invadida por un fastidioso hastío y aburrimiento que me tornaba intolerable hasta para mí misma. Sin embargo, ayer por la noche un sueño imbatible me invadió y luego despierto por la madrugada -unas horas antes del amanecer, cuando el cielo es tan azulino y opaco- con unas ganas intensas de hacer todo, de escribir sobre todo. Desde mis pensamientos ahora mismo hasta completar mi magnífica monografía sobre Hamlet. Soy consciente de que cuando tengo estos episodios de repentina ansiedad por el mundo, y el furor de aprovechar extraordinariamente el día voy camino a una senda de stress que ignoro y al que sólo atiendo cuando mi cuerpo me dice "basta" después de unos cuantos meses de actividad desenfrenada. Y aunque últimamente mis minutos se vayan escribiendo, aún estoy desayunando. Aunque de hecho, ahora que lo pienso, siempre dejo algo de café con leche en la taza cuando doy por terminado mi desayuno. Y aunque me vestí pensando en prepararme unas deliciosas tostadas con manteca y mermelada, al llegar a la cocina, desistí de tan idea. Adoro la sensación de sentirme liviana. Y aunque sea algo contraproducente no prepararme tan suntuoso desayuno, no lo lamento; un raudal de energía me consume por dentro, y es como si no necesitara nada más, lo cual es maravilloso. Hoy es un día precioso. La casa esta en silencio y ni siquiera los pájaros interrumpen esta quietud con su trinar. Ni siquiera mis preocupaciones me molestan. No sé si esta bien o no; no lo cuestiono demasiado. Es como salir a las 4.00 de la madrugada a la calle y que la brisa fresca te rodee. Son de esos instantes donde todo es pleno e insignificante al mismo tiempo. Bajaría a comprar flores, ¡sí!, flores frescas y las pondría en un florero. Sé que estos momentos míos indican claramente la volubilidad de mi personalidad, pero sucede que justamente me encuentro en esos estados en que me siento ligera y estática, volada y serena, fluyente y agradablemente fría como el agua. Como el rozar de agudas notas en un piano, o el viento haciendo menear las hojas de los árboles y los pétalos de las flores. Qué maravilloso sería tener un río o laguna cristalina cerca, para mojar los pies y ver cómo los rayos del sol se reflejan dorados y temporales sobre el agua :)Hay tanta belleza, todos los días. Una belleza tan pura y cegadora, que las miserias tan sólo son reflectores opacos y naturales. Es por eso que me encanta el libro de la Sra. Dalloway, porque relata el día de una mujer que va a dar una fiesta, y a pesar de que ella se muestra tan segura de sí misma y en sus decisiones, en realidad no es así; sin embargo, no se derrumba y cada percepción es una alegoría.
Amooooooor! Al fin puedo comentarte el blog :D Por algún motivo me parece extraño que te sientas de esa manera. Conozco esa sensación, pero no termino de entender de donde proviene (al menos en tu caso). Nos vemos amos :D Te quiero u.u
ResponderEliminarCada vez que entro a tu blog me digo que no puedo creer lo hermosa que sos u.u
ResponderEliminarTan sólo una serena y feliz sonrisa en mi rostro ♥ Mi pecho templado y mi corazón plácido de amor u.u
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