Hoy en día me siento vacía; me enajené por completo de mi propio eros y, en consecuencia, mi pulsión de muerte se incrementó respaldado por una lógica erguida a través del miedo. Incapaz de entregarme a la satisfacción de cada deseo terrenal, reprimí sin piedad cada “peligrosa” ansia y terminé extrangulando mi propia naturaleza. Mis tótems están vacíos. Por eso, en parte, estoy muerta; conscientemente muerta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario