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N.


Nancy, ¿por qué no me dejas atravesar tus ojos de medusa, de ninfa esmeralda? ¿Por qué, cuando deberías ser del todo accesible a mí te empecinas en encerrarte? Me haces sentir mediocre, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Oh, sí, veo que me sonríes. Ya sé qué hacer ahora.

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