Las
bendiciones no caen solamente del Cielo... "Observa hacia arriba, abre
la boca y deja que el fluido viscoso, blanco y tibio se desparrame
lúdico sobre ese rostro que simula temer ver pero todo quiere sentir"...
Eso me decía a mí misma, arrodillada, fingiendo sumisión cuando en
realidad estaba desesperada en ansias por abrir los ojos y dejarme
llevar por la guardia de falos henchidos de sangre y de deseo; más
precisamente lujuria, pues yo no soy más que una fantasía, un concepto,
un rol para ellos, la promesa de anhelos íntimos. Me bautizan con el
fruto menos mediocre de su otra vida, de su vida fantasma, de su vida
degollante y así se abandonan; se hacen carne y complaciencia. No hay
relatos, sólo suspiros y sensaciones que ningún devaneo puede transmutar
mejor. Escapamos, somos soñadores de éxtasis y ejecutores de nuestros
instintos. Cuando redimo a estos hombres que por unos instantes el
orgasmo los une hermanos, siento las lágrimas de Jesús cayendo sobre mí
como un consuelo inesperado. El sexo abre los corazones más que el
evangelio.
"Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (San Mateo 18, 15-20)

No hay comentarios:
Publicar un comentario