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Las Maravillas de la Autoindulgencia

Es fácil creer, es fácil hablar, es fácil imaginar para enaltecer nuestro ego y empequeñecer a otras personas a las cuales no nos atreveríamos decirle en la cara cuán inferiores las consideramos para regocijo de nuestra vanidad. Oh, sí, es muy cómodo y conveniente ser así de hipócrita con nuestro entorno y tan deliberadamente ciegos con nosotros mismos. Pensamos en nuestro yo multidimensional y al yo de los otros como meros interactuantes. Mas en los momentos de vertiginosa, de cruda humanidad... ¡oh! ¿què es eso que se siente en la entrepierna? Por el olor y tibieza, parece ser un montòn de mierda... parece ser que nos cagamos encima por llenarnos de tanta mentira y vanal autocomplaciencia. Parece que no nos queda más que limpiarnos el culo o ponernos perfume. Muchos preferiràn el perfume, porque ¿còmo seríamos capaces de concebir quedarnos como Dios nos trajo al mundo? ¿Què nos importa que el próximo que nos conozca lo suficiente descubra semejante cantidad de suciedad y mierda? Todos alguna vez nos cagamos encima, ¿no? Tal vez esa próxima persona nos ayude a limpiarnos el orto. Tal vez nos limpiemos el orto mutuamente “Ay, que lindo, muy interesante còmo te cagaste” “¡Ey! ¡Bancá! ¿Què haces tiràndome tu mierda encima? Yo no tuve nada que ver con tus cagadas anteriores” A nadie le gusta la mierda y mucho menos la de otro. Así que, si queremos mejorar un poco como individuos, aprendamos a hacernos cargo de nuestras heces y a dejar limpio el agujero del culo para nuestra próxima penetración anal; que el semen sea la ùnica excreciòn que el otro nos desparrame dentro. No forcemos al pròjimo a la crapofagia.



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