Recostados aquí, te adoro en mi bacanal lecho
y pareciera que pudiera desnudar tus adentros,
contemplar las oscuras mareas que sin cesar deseo...
Deseo mojar mis labios en tu esencia de Orfeo
para luego entregarme plácida a Morfeo
antes de componer los más profanos credos.
Entre dos puentes rosáceos y de lanudos campos
en el ojo del oscuro Sol saboreo un blanco agrio
Entre dos carnes rojas que sobre montes hallo
un sorbo translúcido humedece a todos mis labios
En ninguna otra boca encuentro tal dulzor amargo
en la obertura redonda de tu cañón vigoroso apuntando,
recién levantado, carnal devoción cual hedónico santo.
Ser de enrisado ébano púbico, tentación del Diablo
Divino cuerpo es el tuyo, desnudo, libertino, mi templo sagrado
Culto de mis sentidos, refugio de mis apetitos no sacros
Déjame llenar con tu blanquecina fuente mi espíritu deleitado,
saciarme de tu hombría hasta enrojecerme con el cuello gacho,
rodillas dobladas, complasco deseos aún no cantados
pues tu pródiga chirimía aún no ha sonado.
Sírvance tus bocados entre mis pechos sonrosados
Templa mi desquicio, sobria mi embriaguez de animal desgarrado
En madrugada de gris aurora y ángeles desalados
Alumbraste la lugubrez de mis vigilias en desamparo
¿Para qué necesito de mis dedos o de mis manos?
Esta oración sólo se eleva mejor con un par de labios
y una garganta dispuesta a tragarse todo tu elixir albo.

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